sábado 17 de octubre de 2009

mentes extrañas 3

Andrés ya no es una persona normal. Le dio permiso a su salvajismo y a su voraz apetito sexual. Ella no ha pronunciado palabra alguna, solo gemidos, gritos y algunos gruñidos a pesar de llevar más de un año viviendo con él. Nadie sabe que ella vive ahí y no se ha visto anuncio de personas desaparecidas… es como si no existiera. Sin embargo, una obstinada obsesión se ha apoderado de Andrés desde que la encontró. No deja de indagar para averiguar el pasado de la joven y ya no rinde en el trabajo como antes. Pronto lo despedirán.
En una noche como cualquiera, él llegó a su casa después de pasarse el día buscando un nuevo empleo y se dejó derribar hacia la comodidad de su cama, después de tomar un analgésico. Luego, un olor que ya no le era tan extraño obligó a sus ojos abrir de mala gana. Estupefácto permaneció unos segundos ante la situación en la que se encontraba.Su horror no se debía solo a la sangre y las tripas pegadas en la pared de su dormitorio, sino más bien a sus extremidades atadas con alambres. Ella está recostada a su lado, con un vestido de noche. Besa el vientre de Andrés hasta llegar a sus tetillas y darle un mordisco suave. Él, entre la exasperación y la desesperación, intenta zafarse de las ataduras inútilmente consiguiendo sólo lastimar sus muñecas y pies. Ella besa apasionadamente su cuello y araña moderadamente su pecho. Le baja el bóxer y toma el miembro de Andrés con sus senos mientras se lo engulle. Andrés siente una morbosa excitación ante esta situación, así que deja de poner resistencia.





- “¿Por qué haces esto? ¿Cómo escapaste…quién eres????”- susurró Andrés.
La muchacha se sentó de golpe sobre el pene de Andrés y se movió frenéticamente, provocando que éste estalle más rápido de lo que acostumbraba. Ella sonríe y responde:
- “ … el dolor es mi placer y la sangre de animales mi alimento…tú ya no eres hombre, eres un animal…!
Ella procedió a arrancarle una tetilla con los dientes, le incrustó las uñas, que ahora parecían garras, en las costillas y procedió a absorber su sangre cual draculina. Siguió escarbando en el pecho de Andrés como si se tratase de un perro que buscaba su hueso en el jardín. Ella reía jocosamente, él lloraba y gritaba por la tortura interminable.

Al día siguiente, la policía allanó la casa de Andrés por aviso de los vecinos, quienes se sintieron muy perturbados por los desgarradores gritos que provenían de esta casa. Encontraron a Andrés en su cama temblando y con los ojos exageradamente abiertos. Estaba vivo y sin un solo rasguño. Al ver a la policía dio un alarido: ¡¡¡¡ Ayúdenme, miren lo que me hizo ese demonio!!! , mientras intentaba mostrar los rasguños de su pecho que sólo se hallaban en la mente de Andrés.Los agentes buscaron en toda la casa y encontraron a la muchacha desnuda y encadenada en el sótano. Ella sonrió tímidamente pero no dijo más.



Se llevaron al hombre que hasta hace poco era conocido como un vecino tranquilo y educado, un trabajador responsable pero tímido. En vez de eso ahora Andrés era un estropajo demente, pervertido y ruidoso.

El médico amigo de Andrés que atendió a la joven declaró ante las autoridades que ella era una pariente autista de su amigo pero jamás imaginó que él abusara del estado de la chica.

Después de un tiempo y mucho papeleo, este médico adoptó a la muchacha por el sentimiento de culpa que llevaba consigo, pues se sentía responsable de la suerte de la joven. Al llevarla a su hogar, ella se recostó en el sofá y lo miró fijamente a los ojos. Él sintió una sensación muy extraña en su cuerpo y en su intento de escabullirse se retiro a la cocina para prepararle algo. Ella observó al perro del médico acercarse meneando la cola como una mosca que se acerca a la telaraña. Ella lo acarició tiernamente y dijo:
- “Aún tengo hambre”

lunes 28 de septiembre de 2009

mentes extrañas 2

Son las 2 am. Andrés arrastra a la muchacha de sus negros cabellos, arrancándolos en cada paso e ignorando el llanto provocado por el dolor inconmensurable; para conducirla al sótano donde normalmente permanece la mayor parte del día desde que llego a la casa del susodicho. Como es ya costumbre, la jovencita se escapó y trajo otro animal muerto a casa. Más que aquella aberrante acción, lo que disgusta a Andrés en demasía es la casi insistente desobediencia en la chica.

Abre la puerta del cuarto más escondido del sótano, ubicado e implementado especialmente para castigarla. Cierra la puerta, azotándola como si se tratase del preámbulo del espectáculo que armará en segundos. Arroja a la mujer contra el muro y ella rebota por el impacto hasta el piso helado. Él comienza a descargar su enojo pateándole los senos, el vientre y las piernas desenfrenadamente. Se saca la correa para flagelar el cuerpo de su amante repetidas veces, hasta perder las fuerzas.

- “!Estoy harto de que ti… no hablas, comes cualquier cosa que encuentras, escapas y traes basura o animales a destriparlos en mi cama…ahora te vas a comer esto, estúpida!- vocifera Andrés, enloquecido y en éxtasis, mientras arroja la correa para luego introducirle su miembro(endurecido por la furia y la excitación entremezcladas) en la boca.
Luego la voltea toscamente y la penetra zigzagueando la vagina y el ano de la desesperada chica una y otra vez.






Finalmente por fin se detiene, toma el rostro lloroso de joven para sacarle la lengua con los dedos y arrojar en su boca el líquido que dispara de su falo. De una cachetada la vuelve a dejar en el suelo.


La observa en el piso y nota la sangre que brota de la herida de su cabeza posiblemente ocasionada por el golpe contra el muro. De pronto, una inesperada sensación de culpa congruente en proporción a la ira desmedida que hasta hace poco lo dominaba, invade sin permiso en Andrés. Se deja derrumbar por la gravedad y de rodillas se acerca a abrazar a la joven. - “Pensé que ya habías aprendido, por eso permití que duermas arriba conmigo…pero ahora tendré que dejarte aquí de nuevo como antes…perdóname por favor!” La besa y la lleva al baño para lavarla y curar sus heridas.
Esta escena se repite desde hace 1 año aproximadamente. Al comienzo él la desnudaba apenas llegaba de trabajar para contemplarla. Luego, la tensión sexual explotó y empezó a tocar sus senos, acariciar y a probar los fluidos de sus partes intimas hasta terminar violándola donde la encontrase. Ninguna parte de su femenina piel ha dejado de ser tocaba por los labios y la lengua de Andrés.


Hasta que le propinó su primer golpe cuando ella mato un ratón con sus propias manos, para luego comérselo. Desde ese día Andrés experimentó el extraño libido de mezclar dolor, furia y placer. Ella sigue trayendo animales muertos y él la castiga sometiéndola salvajemente como si se tratara de un vicio. ¿Pero quién es ella? ¿Por qué hace esto? Pronto las cosas van a cambiar.











viernes 4 de septiembre de 2009

Mentes extrañas parte 1

El viento penetraba el cuarto oscuro, golpeando las cortinas y acariciando a su vez, la silueta desnuda de una muchacha tendida en la cómoda. Andrés se acerca lentamente, desde la punta de los pies, buscando entrada entre las piernas. Las abre de golpe y prueba la mezcla fresca del regalo líquido que ya le había sido otorgado a la señorita. La lengua juega delicadamente con el botoncito que encontró en su camino. Ella lo acaricia con las manos embadurnadas con sangre. Él se detiene al percibir el olor, observa al gato de la vecina, destripado encima de las sábanas de su cama. Violentamente la toma de los cabellos y la obliga a comerse su masculinidad, sumergiéndolo en lo más profundo de la garganta de su amante.
- “No vuelvas a ensuciar mi cama, perra”

Hace 2 años él la encontró cerca de un basurero, sucia y con poca ropa; sentada y con la mirada perdida. La llevó a su casa pensando en ponerle algo de ropa para luego dejarla en alguna comisaría cercana. Durante todo el camino él le preguntaba todo cuanto se le ocurría. Mientras manejaba su auto, ya rendido por la ausencia de respuestas pero si mucho silencio, pensaba: “¿por qué me molesto? ¿Desde cuándo me llevo a vagabundas a mi casa? No ha sido difícil meterla a mi auto, cuántos hombres ya habrán aprovechado esta facilidad”

Apenas abrió la puerta de su hogar la joven corrió a comer todas las frutas que adornaban la mesita de la sala. Mientras la observaba, notó debajo de la suciedad una extraña belleza y por un segundo una idea perversa penetró sorpresivamente. Él era un hombre que vivía solo y no tuvo mucha suerte con sus anteriores parejas. Las mujeres con las que estuvo eran dominantes y nunca estuvieron de acuerdo con los “extraños gustos” de Andrés. Nadie sabía en realidad cuantas ideas pasaban por la retorcida mente de un hombre que aparentaba seriedad y muy buena instrucción académica.
Él estaba dispuesto, casi poseído para concretar todo lo que su imaginación recreaba sádicamente.
Primero, la metió a la bañera sin que ella hiciera resistencia. Mientras la aseaba, frotaba sus pezones jóvenes con disimulo. Se aventuró ayudado por los dedos, a examinar el exterior de sus partes íntimas. Pudo notar como escapaban algunos gemidos de los labios carnosos de la joven mientras su entrepierna se humedecía, no necesariamente de agua. Esto provocó la reacción natural del cuerpo de Andrés. La enjuagó rápidamente para detener su propia excitación y la vistió con la ropa que había olvidado alguna ex en su casa tiempo atrás. Luego, se dirigieron al consultorio de un doctor, amigo de Andrés, para que la examine y le haga algunas pruebas. Andrés le dijo al doctor que era una prima autista que le encomendaron unos parientes de escasos recursos.

Todo ya estaba listo; los análisis de sangre y demás pruebas demostraron que ella no tenía ningún mal físico o enfermedad, aunque sí algo anémica. Ya en casa, Andrés la desnudó y la obligó a colocarse en cuatro encima de la mesa. La observó complacido y le acarició el rostro. Posiblemente él ni se imaginó que la muchachita le daría más de una sorpresa.(continuará)