viernes, 4 de septiembre de 2009

Mentes extrañas parte 1

El viento penetraba el cuarto oscuro, golpeando las cortinas y acariciando a su vez, la silueta desnuda de una muchacha tendida en la cómoda. Andrés se acerca lentamente, desde la punta de los pies, buscando entrada entre las piernas. Las abre de golpe y prueba la mezcla fresca del regalo líquido que ya le había sido otorgado a la señorita. La lengua juega delicadamente con el botoncito que encontró en su camino. Ella lo acaricia con las manos embadurnadas con sangre. Él se detiene al percibir el olor, observa al gato de la vecina, destripado encima de las sábanas de su cama. Violentamente la toma de los cabellos y la obliga a comerse su masculinidad, sumergiéndolo en lo más profundo de la garganta de su amante.
- “No vuelvas a ensuciar mi cama, perra”

Hace 2 años él la encontró cerca de un basurero, sucia y con poca ropa; sentada y con la mirada perdida. La llevó a su casa pensando en ponerle algo de ropa para luego dejarla en alguna comisaría cercana. Durante todo el camino él le preguntaba todo cuanto se le ocurría. Mientras manejaba su auto, ya rendido por la ausencia de respuestas pero si mucho silencio, pensaba: “¿por qué me molesto? ¿Desde cuándo me llevo a vagabundas a mi casa? No ha sido difícil meterla a mi auto, cuántos hombres ya habrán aprovechado esta facilidad”

Apenas abrió la puerta de su hogar la joven corrió a comer todas las frutas que adornaban la mesita de la sala. Mientras la observaba, notó debajo de la suciedad una extraña belleza y por un segundo una idea perversa penetró sorpresivamente. Él era un hombre que vivía solo y no tuvo mucha suerte con sus anteriores parejas. Las mujeres con las que estuvo eran dominantes y nunca estuvieron de acuerdo con los “extraños gustos” de Andrés. Nadie sabía en realidad cuantas ideas pasaban por la retorcida mente de un hombre que aparentaba seriedad y muy buena instrucción académica.
Él estaba dispuesto, casi poseído para concretar todo lo que su imaginación recreaba sádicamente.
Primero, la metió a la bañera sin que ella hiciera resistencia. Mientras la aseaba, frotaba sus pezones jóvenes con disimulo. Se aventuró ayudado por los dedos, a examinar el exterior de sus partes íntimas. Pudo notar como escapaban algunos gemidos de los labios carnosos de la joven mientras su entrepierna se humedecía, no necesariamente de agua. Esto provocó la reacción natural del cuerpo de Andrés. La enjuagó rápidamente para detener su propia excitación y la vistió con la ropa que había olvidado alguna ex en su casa tiempo atrás. Luego, se dirigieron al consultorio de un doctor, amigo de Andrés, para que la examine y le haga algunas pruebas. Andrés le dijo al doctor que era una prima autista que le encomendaron unos parientes de escasos recursos.

Todo ya estaba listo; los análisis de sangre y demás pruebas demostraron que ella no tenía ningún mal físico o enfermedad, aunque sí algo anémica. Ya en casa, Andrés la desnudó y la obligó a colocarse en cuatro encima de la mesa. La observó complacido y le acarició el rostro. Posiblemente él ni se imaginó que la muchachita le daría más de una sorpresa.(continuará)

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