martes, 1 de febrero de 2011
ENCUENTROS INTIMOS
Si. En su momento lo he deseado profundamente, hasta llegar al morbo del masoquismo. Los labios enrojecidos por cada mordida, llamaban a la humedad de los rincones más intensos de mi cuerpo. Esas manos no dejaban de tocar, esos brazos no flaqueaban ante mi peso completo. Durante estas sesiones descubrí que una pared puede servir de cama y algo más.
Te gustan los peligros y hasta he llegado a pensar que mi miedo te excita más que la confrontación de nuestra piel. Primero las lenguas se entrelazan ante la invitación de los labios, luego impactan violentamente los cuerpos ya acalorados por el frenesí. Los dedos se deslizan sobre la ropa y acarician, aprietan, estrujan; ya no existen prohibidos para ti así que te haces paso sin delicadeza por debajo de la blusa. Pruebas mi sudor y mi miedo a ser descubiertos; saboreo la contundente prueba de tu excitación. El olor de los fluidos despierta la naturaleza animal y humanamente mezquina que todos llevamos dentro y que sin remedio liberamos cuando el deseo domina la razón. Te comes las partes más blandas de mi existencia y mis entradas devoran todo lo que me ofreces. Imitamos el vaivén de la marea de una playa furiosa en luna llena para terminar con el estallido de las olas en la profundidad de mi garganta.
Así vino la pasión y así se fue. Me emborrachaste de un libido incontenible para luego apuñalarme con tu bipolaridad de niño estúpido. No cuesta mucho decir si o decir no en vez de crear expectativas donde solo hay un camino hacia la nada. Ahora estoy en resaca, y pronto tu recuerdo solo servirá de inspiración para poemas del olvido.
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